Seminario de Aproximación al Psicoanálisis

XI Semestre

Programa de Medicina

Universidad Libre, seccional Cali

PRESENTACIÓN

En primer lugar debemos justificar nuestro título, porque el mismo alude a una especie de transición, de evolución que deriva su formulación de la especificidad misma de lo ocurrido.  Es decir, que no estamos ante un acontecimiento generalizable y por tanto del cual pudiera haber diferentes testimonios, sino que él mismo describe un acontecimiento singular, específico, y concerniente a un médico cuya transición da testimonio a la par que de un abandono, de un descubrimiento. 

 

A más de cien años de ocurrido tal acontecimiento, los diversos efectos que el mismo produjo en la cultura en general y, particularmente, en la concepción acerca del psiquismo humano, ofrecen argumentos suficientes para considerarlo fundamental y nos detendremos en este aspecto ahora mismo.

 

Fundamental por cuanto más allá de tratarse de un aporte desde la medicina, su gestor terminó produciendo una manera de concebir el psiquismo humano que encontraba en la medicina justamente la mayor cantidad de obstáculos. 

 

Podemos aseverar que dichos obstáculos procedían tanto del objeto de la medicina como de las conexiones entre la filosofía espontánea de los médicos y sus nexos con la cultura predominante.

 

Siendo el objeto de la psiquiatría –especialidad médica referida al estudio y al tratamiento de las enfermedades mentales- la anormalidad psíquica, el hallazgo y el estudio de ese objeto tuvieron que corresponderse con la forma de proceder de la investigación científica propia de la época:

 

1- Definir como objeto, la locura

2- Puesta en el lugar de objeto, se dan las condiciones para clasificarla

3- Clasificada y estudiada, es posible inferir el comportamiento normal.

 

Pensamiento, lenguaje, percepción, juicio, etc., fueron las expresiones en las que sistemáticamente se dividió al objeto.  El psiquiatra, en tanto que observador del comportamiento del loco, tenía allí la clasificación disponible para caracterizar a la enfermedad.  Desde afuera, el loco era quien ponía de sí su comportamiento; correspondía al médico clasificarlo y traducirlo a un diagnóstico determinado, cuyas coordenadas procedían de diversos sistemas de clasificación existentes, siendo el de Kraepelin, el predominante en Europa.

 

Por otra parte, esta manera de proceder tenía sus fuentes en Philippe Pinel, un médico revolucionario perteneciente al Comité de Higiene Pública de la Revolución Francesa, a quien dicho comité delegó la responsabilidad de seleccionar y diferenciar, en la población que se hallaba recluída en los nosocomios parisienses, aquellos individuos que se hallaban verdaderamente perturbados de aquellos que se valían de la simulación para escapar de la guillotina de los revolucionarios franceses.  Para hacerlo, Phinel, asiduo lector de Condillac, el filósofo que introdujo las ideas de John Locke a Francia, este último alumno asiduo de la enseñanza del gran clínico inglés Sydenham, tuvo que diseñar un sistema de clasificación que permitiera discernir acerca de la normalidad o anormalidad de aquellos pacientes con los cuales se aplicara dicho sistema.  Quien estaba enfermo, permanecería hospitalizado; el que estuviera valiéndose de la simulación o que no cumpliera con lo establecido en la clasificación pineliana, era reportado al Comité de Higiene Pública para que este decidiera la suerte del individuo…  Para los primeros Pinel diseñó un modelo de tratamiento que ha sido conocido con el nombre de Tratamiento Moral, que es por lo que se le considera un contribuyente esencial a la humanización del tratamiento de los enfermos mentales.  De lo segundo suele hablarse más bien poco, pero es un hecho que ocurrió: fue en virtud de su vinculación revolucionario que Pinel llevó a cabo su obra y produjo los efectos ya mencionados.

 

La acción de Pinel define pues el inicio del estudio sistemático de la enfermedad mental y a partir de ella se puede decir que se funda la psiquiatría como especialidad médica y el internamiento psiquiátrico como lugar propicio para realizar dicho estudio. 

 

Cien años más tarde, cuando la psiquiatría se había incorporado a la cátedra de medicina en todas las universidades, un neurólogo que gozaba de un cierto prestigio  ganado a partir de sus trabajos en histología del sistema nervioso y de la habilidad clínica que manifestaba en su trabajo práctico, habría de formular hipótesis nuevas que introducían la noción de psiquismo más allá de los hechos de la voluntad y de la conciencia.

 

Quiere lo anterior decir que el obstáculo médico para la invención del psicoanálisis, no provenía de otro lugar que del modo en que la medicina abordaba la comprensión de la enfermedad mental, la cual suponía una noción de psiquismo relacionada estrictamente con fenómenos de conciencia.  Aquellos que no lo eran, quedaban inscritos como mera sintomatología descriptiva del trastorno, pero no referidos a un análisis de los mismos, mucho menos de si representaban o no un sentido particular distinto al meramente descriptivo de la patología mental.

 

El otro obstáculo procedía de la cultura.  Una cultura dominada por la mojigatería victoriana para la cual la mejor manera de proceder frente a lo considerado pecaminoso, era ignorarlo, ocultarlo, callarlo.  Los médicos de la época de muchas maneras daban cuenta de los nexos entre su filosofía espontánea y los valores culturales predominantes, no obstante reclamar, al mismo tiempo, ser considerados hombres de ciencia.  La sexualidad era, podemos decirlo, el centro de gravedad de esa mojigatería, y la postulación freudiana de que la sexualidad infantil era un hecho que debía ser considerado y que muchas de las llamadas enfermedades nerviosas tenían su etiología en la vida sexual temprana de quienes las padecían, produjo todo el recelo de que es capaz una cultura cuando alguna de sus inteligencias se atreve a considerar un aspecto que aquella  se empeña en ignorar.

 

Podemos decir que el psicoanálisis no se inventa contra dichos obstáculos, sino que formula un saber acerca de los mismos y concibe el sentido que se encuentra en su expresión. 

 

 

 

PSIQUISMO = INCONSCIENTE

 

Freud no inventa el inconsciente.  Ya estaba allí, atestigua él mismo, de lo que había de dar cuenta era de las leyes que regían su existencia y de qué manera tenía que ver con la normalidad y la anormalidad de la vida psíquica de las personas.

 

Los objetos del psicoanálisis son diversos.  La Hipnosis, como método terapéutico, da cuenta del paso de los tratamientos neurológicos a otros de naturaleza y contenido psíquico.  Luego, la histeria, cuyo estudio obliga al abandono de la sugestión y fuerza el descubrimiento de la asociación libre de ideas.  Lo que podemos afirmar es que más allá de método y enfermedad, lo que Freud elige investigar tiene que ver con la vida normal y cotidiana de las personas: el chiste, la llamada psicopatología de la vida cotidiana, los sueños, la sexualidad…

 

Es a través del estudio sistemático de unos objetos que, por lo demás, gozaban de todo el desdén por parte del saber académico y científico de los médicos.  Se trata de objetos nimios, como ya dijimos, cotidianos, de ocurrencia en prácticamente todos los individuos existentes (salvo el chiste, al que no son muy afectos que digamos los tiranos), cuya ocurrencia sucede en cada individuo de la especie. 

 

El hecho es que su estudio arroja pruebas de la existencia de un mundo psíquico que está más allá de la conciencia y de la voluntad.  Un mundo que no simplemente existe sino que manifiesta su existencia poniendo en entredicho todos los postulados de la lógica aristotélica, aun a pesar de la voluntad del sujeto por impedir la emergencia del desmentimiento a la misma.

 

Lo que constituirá el verdadero psiquismo humano será ese mundo que no se nos revela a la simple observación sino que tiene que ser inferido a partir de colocarnos como capaces de escuchar aquello que expresa su existencia.  Freud concibe que el psiquismo objeto del psicoanálisis es ese, no otro, ni el afecto, ni la sensopercepción, ni el pensamiento lógico.  Son los desmentimientos que el sujeto no puede evitar y que emergen nítidamente a través de los chistes, de los lapsus linguae, de los olvidos, de los sueños, de las vicisitudes propias de la vida sexual. 

 

Freud sitúa su descubrimiento en un nivel bien elevado: al lado de los descubrimientos de Galileo, de Kepler y de Darwin.  Considera que todos estos lo que han hecho es producir una herida profunda en el narcisismo humano que se consideraba ser superior del reino animal y procedente directamente de actos de creación divinos.  Ni la tierra es el centro del universo, ni el hombre es creación divina: dos heridas narcisísticas a las que Freud agregará una tercera: tampoco el hombre tiene control voluntario sobre las cosas que realiza. 

 

La postulación de la existencia del inconsciente acarreará efectos inmediatos en una cultura que gusta representarse a sí misma como capaz de control absoluto sobre las cosas que gobierna. 

 

A continuación presentaré un estudio acerca de un artículo en el cual Freud presenta su tratamiento psíquico y que data de 1890, es decir, diez años antes de la publicación de la Interpretación de los Sueños, obra realmente terminada de imprimir en 1899, pero publicada con fecha de 1900 por agüero del editor.

ACERCA DEL “TRATAMIENTO PSÍQUICO (TRATAMIENTO DEL ALMA)” DE 1890 ESCRITO POR FREUD.

 

“… en el curso de una epidemia los más amenazados son los que tienen miedo de contraer la enfermedad”.

 

(“Tratamiento Psíquico (Tratamiento del Alma)”. Amorrortu ed.  T. I, pág. 121)

 

Que el artículo a comentar pertenezca a 1890 no habla sino de un criterio empleado para haberlo elegido como material de estudio:  exonerarnos de cumplir con una especie de sumisión al requisito de actualidad como criterio para establecer la pertinencia o no de una lectura.

 

Tampoco el interés por la historia del psicoanálisis, tan ligada en sus comienzos a la producción de Freud, está colocada en el centro de la motivación, aunque no dejemos de referirnos de tanto en tanto a disquisiciones en las cuales el referente histórico exige ser invocado.

 

Pero ¿qué  clase de criterio es ese, formulado como exoneración, disfrazado en la oposición a una costumbre cara para otros discursos “psi” y de la medicina, los cuales someten la pertinencia de una revisión a la actualidad del artículo? 

 

Y si el interés por la historia del psicoanálisis está descentrado pero no invisible en la motivación, ¿qué papel juega  con respecto de la exoneración declarada?

 

Negarse a considerarlo anacrónico es congruente con una motivación que se apoya en la exoneración practicada.  Entonces se esboza un primer elemento: el artículo es actual.

 

En primer lugar, es actual porque su contenido coloca el asunto del determinismo psíquico al mismo nivel del determinismo material.  En segundo lugar que los dos temas, el de la credulidad y el de la obediencia, esenciales en la demostración de la verosimilitud de la hipnosis, son también actuales. 

 

Por “actual” debemos precisar no aquello que es predominantemente motivo de interés en el presente, sino aquello que, a pesar de pertenecer al pasado no ha dejado de estar presente y siempre.  Los temas de la artes griegas son tan presentes que no se ha producido obra humana alguna que haya inventado un tema que los griegos no hubiesen tratado.

 

Si la división cartesiana entre mente y cuerpo más que una descripción objetiva de una realidad dada significó más bien un modo de proceder epistemológico para efectos de dar cuenta acerca de la instalación de la conciencia en el lugar antes reservado exclusivamente a Dios, la consecuencia más explícita de tal proceder fue la construcción del Yo, con una arquitectura que presumiblemente se agotaba en los confines de lo que era visible.  Si era posible pensar, tenía que ser posible dudar, ergo, las verdades reveladas quedaban denunciadas como suscritas exclusivamente a la pertinencia de sus emisarios.  Más que un fenómeno de fabricación se puede decir que con Descartes lo que se produce es un efecto de condensación, de posibilidades de singularidad: del Nos pontifical al Yo (ese del “ [Yo] pienso, luego existo”). 

 

Serían los románticos los que vendrían a problematizar el edificio: la afectividad, el sentimiento, dan cuenta de aquello que la razón no agota.  Y su traducción en una cierta “filosofía de la naturaleza”, con respecto de la cual, según Freud, los médicos no tendrían porque manifestar una conducta distinta a la que manifestaban con respecto de la filosofía en general, hacía imposible, a su vez, sostener que el descentramiento de la razón como aquello que de un modo u otro se confundiría con la voluntad, con la conciencia, serviría para agotar los interrogantes acerca de los descubrimientos que la razón instrumental creía estar resolviendo en su totalidad, amparándose en la promesa de que la cualificación instrumental tarde que temprano resolvería todas las incógnitas, dependientes totalmente del atraso tecnológico.

 

Lo que no es explícito en el artículo, pero a mi parecer lo atraviesa de principio a fin, es precísamente la exoneración por parte de Freud de situarse en la disputa “materia-espíritu”, escogiendo cualquiera de los dos bandos, cada uno propiciando igual promesa: la del hallazgo de la explicación última de todas las cosas. 

 

Si dividimos el artículo en dos partes, considerando que la primera se refiere a la demostración de las maneras que la materia corporal deriva influencias deterministas por parte de la mente y que la segunda se refiere a una disertación acerca de la hipnosis, podemos entrever que el procedimiento realizado por Freud para efectos de ser convincente en su divulgación (pues se trata de un texto expresamente escrito para ser publicado en un medio escéptico, incrédulo, estrictamente médico) es que deposita la fuerza de la comprobación no en la primera parte en la que podemos afirmar no va más allá de lo que cualquier estudiante de medicina puede reconocer sin dificultades, sino en la segunda, en la que apela a la credulidad, a la sumisión y a la obediencia.

 

El recurso es la palabra, uno de tantos, lo menciona al comienzo.  La palabra que opera como ensalmo, recurso que es terapéutico en tanto que vehiculiza la abreacción, la catarsis, lo que profanamente se conoce como desahogo.  Pero Broca y Wernicke mediante, la palabra misma no es fácil desanudarla en tanto que descarga motriz de un grupo especializado del cerebro.  Así, la posibilidad de que la mente influya sobre el cuerpo, está muy lejos de ser considerada como vericuetos de lenguaje buscando salida a través de órganos.  En esta parte no puede engañarnos el encontrar a un Freud esperanzado en que el avance de los recursos tecnológicos permitirá ampliar los resultados de la investigación, de hecho lo encontramos a él mismo probando con tinciones para hacer posible la visualización de aquella estructura que se muestra enigmática puesto que permanece “invariable” tanto en los muertos que no sufrieron de enfermedades de la mente, como en aquellos que sí. 

 

Siendo imposible ignorar la contribución del atraso en el recurso técnico, una manera de concluir tendría que ser la construcción de una hipótesis, siempre aproximativa, sí, pero siempre dependiente de la verosimilitud determinada por el atraso.

 

Una sinsalida.

 

No obstante, en la segunda parte, al apelar a la verosimilitud de los efectos de la hipnosis, y, por consiguiente, al papel que le cabe a la credulidad y a la obediencia por parte del paciente con respecto de la autoridad médica, lo que Freud hace es colocar el discernimiento acerca del asunto, en una relación, esta sí, poco susceptible de ser estudiada siguiendo los derroteros de la anatomopatología, de la fisiología y de la clínica neurológica. 

 

Por tanto, lo que se discierna al respecto, en nada depende del grado de atraso o de adelanto tecnológico, puesto que para tal efecto, este nuevo objeto de estudio, la relación entre el médico y el paciente, implica un apartamiento radical de las cualidades que debe tener un objeto para cumplir con las exigencias de la investigación científica.  Entre otras cosas, así como en la primera parte lo normal debía ser inferido de una comprensión acerca de lo patológico, en esta segunda parte aquello que es puesto en consideración como objeto de averiguación evidencia que lo patológico, justamente, hace límite, es obstáculo significativo, para su ocurrencia “normal”.  Los enfermos son menos susceptibles de ser hipnotizados. 

 

Las analogías de la hipnosis acentúan esta presentación: el amor del niño a sus padres y la relación amorosa, esto es: dos relaciones con respecto de las cuales la anatomía, la anatomopatología, la fisiología y la neurología, deben guardar prudente silencio.

 

 

 

CONTEXTO Y PSICOANÁLISIS

 

No podemos ignorar que  una buena parte del trayecto psicoanalítico del fundador, transcurre simultáneamente con acontecimientos que envuelven a Europa, como son las dos guerras mundiales, la que va de 1914 a 1918 y la que va de 1938  a 1945. 

 

A lo que la humanidad asiste es a la puesta en actividad de la capacidad aniquiladora de una razón instrumental puesta al servicio de pulsiones de destrucción y autodestrucción, de cuya existencia tenía noticias la humanidad pero ahora renovadas por esa razón instrumental capaz de volver posible lo que antes se revelaba como inimaginable*.

 

Freud no hizo caso omiso de ello, por el contrario, abordó el problema de la civilización y de la cultura de tal modo que contribuyó a producir conocimientos nuevos acerca de los efectos de la vida de relación de los seres humanos. Se valió también de fenómenos como la vida psíquica de las masas, para avanzar en la comprensión del psiquismo humano; se suele ignorar que el título completo de su trabajo acerca de la Psicología de las Masas es Psicología de las masas y análisis del yo, lo que demuestra la intención que tenía el autor al momento de escribir ese ensayo. 

 

En sus trabajos Freud asume que la humanidad pareciera estar dispuesta a confundir felicidad con ilusión, y la búsqueda obstinada de la primera antes que producir la dicha y la armonía, conduce inexorablemente a las consecuencias conocidas por la humanidad a través de los campos de exterminio nazi, para citar un ejemplo.  Como si la vida de relación, que la humanidad insiste en organizar a través de la reglamentación constitucional y jurídica de los estados, mantuviera vivas las fuerzas más primitivas de una especie que tramitaba sus conflictos por la vía de la fuerza y de la aniquilación del contrario. 

 

Proponiéndose la felicidad de los hombres, los gobiernos no pueden controlar las cosas de tal manera que sus ideales de armonía no se encuentren a cada paso con fuerzas que se oponen a los mismos.  Fuerzas de las cuales un gobierno puede ser no conciente y asumir como siempre extrañas al mismo, procedentes siempre del forastero, del otro, del extranjero. 

 

En la verticalidad de la relación de la masa con el jefe, Freud encuentra que el sujeto se enajena en esa jerarquía, lo que explicaría que trescientos hombres armados soporten la férula de uno solo sin que hagan uso de sus armas contra quien les aplica la coyunda.  Encuentra que la masa provoca efectos tales en cada individuo que tornan a este irreconocible para quienes lo conocen, modificando su comportamiento de modo radical. 

 

Pero lo que es esencial es que con tales trabajos Freud desmiente la aseveración según la cual los límites del psicoanálisis se confunden con las paredes del consultorio analítico; años más tarde otro psicoanalista aseguraría que la existencia de los psicoanalistas dependería de su capacidad de ligar su práctica al horizonte de su época*.


* Es de Paul Valery esta expresión, pronunciada después de finalizar la Primera Guerra Mundial: “Ahora lo impensable se ha revelado posible”.

* Jacques Lacan, en Francia.  Por otra parte hay que mencionar la actividad de psicoanalistas como Wilfred Bion, en la Inglaterra asediada por los nazis durante la segunda guerra mundial, y que contribuyó a la comprensión del psiquismo humano ya no privilegiando el estudio de la masa con el jefe, sino las relaciones que entablan los individuos que conforman la masa entre sí.